Estos bizcochos tienen un hojaldrado marcado y una miga tierna gracias al empaste de grasa entre capas.
Suelen inflarse bien en el horno y quedan perfectos para acompañar mates, desayunos o meriendas.

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Con esta preparación se logra una gran cantidad y un resultado parejo, crocante por fuera y suave por dentro.
Ingredientes
Para la masa
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1 kg de harina común
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500 ml de agua tibia
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100 g de grasa vacuna
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30 g de sal
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10 g de levadura seca
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1 cucharada de miel
Para el empaste
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100 g de grasa
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2 cucharadas de harina
Preparación
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Colocar la harina en un bowl grande y formar un hueco en el centro. Incorporar la sal por los bordes para que no toque directamente la levadura.
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Disolver la levadura seca en parte del agua tibia junto con la miel, mezclar y dejar reposar unos minutos hasta que espume.
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Agregar la grasa derretida (apenas tibia) al centro de la harina junto con la mezcla de levadura activada. Comenzar a integrar con la mano o con espátula, agregando el resto del agua de a poco hasta formar una masa suave.
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Amasar durante 10 minutos hasta lograr una masa lisa y elástica. Cubrir con un paño y dejar descansar 20 minutos para que relaje.
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Para el empaste, mezclar la grasa con la harina hasta obtener una pasta suave y uniforme. Reservar.
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Estirar la masa sobre la mesada enharinada formando un rectángulo amplio. Distribuir el empaste por toda la superficie, dejando únicamente un borde libre para sellar.
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Realizar un pliegue simple: llevar un extremo hacia el centro y luego cubrir con el otro extremo, como si fuera una carta. Presionar suavemente para sellar sin romper las capas.
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Girar la masa, estirar nuevamente y repetir el pliegue dos o tres veces más para lograr un hojaldrado marcado. Si la masa se tensa demasiado, dejarla reposar 10 minutos entre pliegues.
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Estirar finalmente hasta un espesor de aproximadamente 1,5 cm, asegurando que quede parejo en toda su superficie.
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Cortar cuadrados prolijos con cuchillo o cortante. Acomodarlos en placas apenas engrasadas dejando un pequeño espacio entre ellos.
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Opcional: pincelar algunos con agua y espolvorear semillas o pincelar con huevo para dar un dorado más intenso.
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Precalentar el horno a temperatura alta (220–240 °C). Hornear entre 12 y 18 minutos, dependiendo del tamaño, hasta que se inflen y tomen un color dorado uniforme.
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Retirar y dejar enfriar sobre una rejilla para mantener el crocante exterior sin humedecer la base.
Tips y consejos:
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Si querés criollitos más altos, dejá un descanso de 10 a 15 minutos antes de llevarlos al horno.
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Para un hojaldrado bien marcado, evitar que la grasa del empaste se derrita durante los pliegues.
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Si el ambiente es cálido, colocar la masa unos minutos en la heladera entre pliegues.
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La miel ayuda a activar la levadura y aporta un dorado suave, pero se puede reemplazar por azúcar.
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El corte debe ser firme para que los bordes se separen correctamente en el horneado.
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Cocinar en horno fuerte es fundamental para que suban rápido y no se sequen.
Estos criollitos caseros quedan tiernos, crocantes y con capas bien formadas, ideales para disfrutar recién hechos acompañando unos buenos mates.