Esta versión juega con el contraste perfecto: dulce de membrillo bien intenso y un toque de roquefort que levanta todo con sabor profundo.
La masa queda mantecosa, suave y con bordes apenas crocantes, ideal para cortar en porciones y servir tibio o a temperatura ambiente.

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Es una receta simple, pero con ese efecto “wow” que aparece apenas lo probás.
Ingredientes
Ingredientes para la masa
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250 g de harina 0000
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50 g de manteca fría
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1 huevo
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1 cucharadita de polvo de hornear
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1 pizca de sal
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50 ml de leche
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1 cucharada de azúcar
Ingredientes para el relleno
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200 g de dulce de membrillo
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50 g de queso roquefort
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1 huevo (para pintar la masa)
Preparación
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En un bowl, mezclá la harina 0000 con el polvo de hornear, la sal y la cucharada de azúcar.
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Sumá la manteca fría en cubitos y desarmala con la mano hasta lograr una textura arenosa, como migas.
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Agregá el huevo y empezá a unir. Incorporá la leche de a poco hasta formar una masa suave. Amasá lo justo para que quede pareja, sin trabajarla de más.
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Tapá la masa y llevala a la heladera 20 minutos para que se afirme y sea más fácil estirar.
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Mientras tanto, cortá el dulce de membrillo en cubitos chicos o en tiritas. Desmenuzá el roquefort.
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Estirá la masa sobre la mesada apenas enharinada hasta dejarla de unos 3 a 4 mm de grosor.
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Cortá discos o cuadrados del tamaño que prefieras (tipo empanaditas o pañuelitos).
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En el centro de cada pieza, poné un poco de membrillo y un toque de roquefort. No lo llenes demasiado para que cierre bien.
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Cerrá formando medias lunas o triángulos y presioná los bordes con los dedos o con un tenedor.
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Batí el huevo destinado a pintar y pincelá la superficie de cada pieza para que doren parejo.
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Llevá a una placa y cociná en horno precalentado a temperatura media-alta hasta que estén infladas y bien doradas (aprox. 12 a 18 minutos, según tamaño y grosor).
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Dejalas reposar unos minutos antes de servir, así el relleno se asienta y el sabor queda más marcado.
Tips y consejos:
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Cortá el membrillo chico: se derrite más parejo y no rompe la masa al cerrar.
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Con el roquefort, menos es más: con un toque alcanza para que se note sin tapar el dulce.
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El descanso en heladera ayuda a que la masa quede más prolija al estirar y que no se encoja.
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Pintarlas con huevo marca la diferencia en el dorado y deja una superficie más apetecible.
Quedan ideales para una picada distinta, para acompañar un café o para llevar a una juntada.
Ese contraste dulce-salado hace que desaparezcan más rápido de lo que pensás.