Los buñuelos crujientes son de esas preparaciones simples que atraviesan generaciones.
Dorados, livianos y con una textura aireada, se disfrutan recién hechos y espolvoreados con azúcar.

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Esta versión es fácil, rendidora y no requiere ingredientes raros ni técnicas complicadas.
El secreto está en la masa bien trabajada y en estirarlos lo suficientemente finos para que inflen y queden crocantes al freír.
Ingredientes
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2 tazas de harina de trigo común
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1 cucharadita de polvo de hornear
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¼ cucharadita de sal
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1 cucharada de azúcar
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½ taza de agua
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2 cucharadas de aceite
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1 cucharadita de esencia de vainilla
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Aceite en cantidad suficiente para freír
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Azúcar impalpable para espolvorear
Preparación
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En un bowl amplio colocá la harina, el polvo de hornear, la sal y el azúcar. Mezclá bien estos ingredientes secos para que queden distribuidos de manera pareja.
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Agregá el agua de a poco junto con el aceite y la esencia de vainilla. Mezclá primero con cuchara y luego con la mano hasta formar una masa.
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Volcá la masa sobre la mesada limpia y amasá durante unos minutos. El objetivo es lograr una masa suave, lisa y apenas elástica, que no se pegue a las manos.
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Formá un bollo, tapalo con un repasador y dejalo descansar unos 10 minutos. Este descanso ayuda a que la masa se relaje y sea más fácil de estirar.
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Pasado el tiempo de reposo, dividí la masa en porciones chicas, del tamaño de una nuez.
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Con un palo de amasar, estirá cada porción hasta obtener discos bien finos. Este paso es clave: cuanto más finos estén, mejor inflan y más crujientes quedan al freír.
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Calentá abundante aceite en una sartén profunda a fuego medio-alto. El aceite debe estar bien caliente, pero sin humear.
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Colocá los discos de masa de a uno o dos por vez, sin amontonarlos. Al entrar en el aceite van a inflarse rápidamente.
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Freí durante uno o dos minutos por lado, dándolos vuelta una sola vez, hasta que estén bien dorados y crocantes.
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Retiralos con espumadera y apoyalos sobre papel absorbente para eliminar el exceso de aceite.
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Mientras aún están calientes, espolvorealos con azúcar impalpable a gusto.
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Servilos de inmediato para disfrutar su mejor textura.
Tips y consejos:
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Estirar la masa bien finita es el verdadero secreto para que queden inflados y livianos.
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Si el aceite está frío, los buñuelos absorben grasa; si está demasiado caliente, se doran rápido y quedan crudos.
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El descanso previo de la masa facilita el estirado y mejora el resultado final.
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Podés aromatizarlos con un poco de ralladura de limón o naranja si te gusta ese toque.
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Se disfrutan mejor recién hechos, cuando están bien crocantes.
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Para una versión más simple, también quedan muy bien sin azúcar, apenas espolvoreados al final.
Estos buñuelos crujientes son ideales para una tarde tranquila, para compartir o simplemente para darse un gusto casero.
Dorados, livianos y con ese sonido inconfundible al morderlos, son una receta rendidora y simple que nunca falla cuando se hace con calma y buena temperatura de fritura.