Estos bollos dulces llaman la atención apenas los ves y no necesitan relleno para ser irresistibles.
Tienen capas finas, una miga aireada y un dorado parejo que los hace ideales para acompañar el mate, el café o una merienda especial.

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Aunque parecen de panadería, se pueden hacer en casa con paciencia y buenos pliegues.
Ingredientes
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Harina 0000: 500 g
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Azúcar: 80 g
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Levadura seca: 10 g
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Leche tibia: 240 ml
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Huevo: 1
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Manteca blanda: 50 g
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Sal: 1 cucharadita
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Manteca fría para laminar: 180 g
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Azúcar extra para espolvorear
Preparación
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En un bol grande colocá la harina, el azúcar y la sal, mezclando bien. Agregá la levadura y revolvé nuevamente.
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Incorporá el huevo y la leche tibia de a poco, mezclando hasta formar una masa. Amasá unos minutos hasta que esté homogénea.
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Sumá la manteca blanda y seguí amasando hasta obtener una masa suave y lisa. Tapá y dejá descansar hasta que duplique su volumen.
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Estirá la masa en forma rectangular y distribuí la manteca fría en láminas finas sobre dos tercios de la superficie.
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Realizá pliegues simples, como si doblaras una carta, y llevá a la heladera 20 minutos. Repetí el estirado y el plegado dos veces más, siempre respetando el frío entre cada vuelta.
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Una vez lista la masa laminada, estirala en un rectángulo grande y cortá tiras largas y finas.
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Tomá cada tira, girala suavemente sobre sí misma y luego enrollala formando un nudo, escondiendo las puntas por debajo.
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Colocá los bollos en una placa con papel manteca, dejando espacio entre ellos. Tapá y dejá levar hasta que estén bien inflados.
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Espolvoreá con azúcar y llevá a horno precalentado a 180 °C durante 18 a 22 minutos, hasta que estén bien dorados.
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Retirá y dejá enfriar apenas antes de servir.
Consejos:
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La manteca para laminar debe estar fría pero flexible, para que se formen capas definidas sin romper la masa.
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Si la masa se calienta durante el armado, llevála unos minutos a la heladera antes de seguir.
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Para un toque extra, podés mezclar el azúcar con un poco de ralladura de limón o naranja.
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Al salir del horno, también quedan increíbles con un almíbar liviano pincelado en caliente.
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No apures los tiempos de levado: eso es clave para que queden livianos y bien hojaldrados.
Estos bollos dulces son una de esas preparaciones que parecen complicadas, pero con orden y paciencia salen espectaculares.
Ideales para lucirse sin necesidad de rellenos ni decoraciones exageradas.