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Una almohada adecuada ayuda a prevenir dolores musculares y trastornos del sueño

La almohada suele pasar desapercibida al momento de armar la cama, pero cumple un rol clave en la calidad del descanso y en la salud general.

Especialistas en sueño coinciden en que una elección incorrecta puede provocar molestias físicas, interrupciones del sueño y cansancio durante el día.

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Por el contrario, una almohada adecuada puede marcar una diferencia notable en cómo dormimos y cómo nos sentimos al despertar.

Por qué la almohada influye tanto en el descanso

Diversas investigaciones publicadas en plataformas científicas como ScienceDirect muestran que la almohada incide directamente en la facilidad para conciliar el sueño, en la continuidad del descanso nocturno y en la correcta alineación de la columna.

Durante el sueño, el cuerpo se encuentra en una situación de vulnerabilidad y necesita señales claras de comodidad y seguridad para relajarse por completo.

Según Wendy Troxel, científica especializada en comportamiento del sueño, la comodidad física de la cama y la almohada es una señal fundamental para que el cuerpo permita la transición al sueño profundo.

Si esa comodidad falla, aparecen microdespertares que fragmentan el descanso incluso sin que la persona sea consciente de ello.

Altura y firmeza: el equilibrio es clave

Uno de los errores más comunes es usar almohadas demasiado altas o excesivamente blandas.

Cuando la almohada eleva demasiado la cabeza, el cuello se flexiona hacia adelante; si es muy baja, se inclina hacia atrás o hacia los costados.

Ambas situaciones generan tensión muscular, sobrecarga en las articulaciones cervicales y pueden afectar la respiración.

El resultado suele ser rigidez al despertar, dolor de cuello, contracturas en los hombros y una sensación de descanso incompleto.

Con el tiempo, estas malas posturas nocturnas pueden agravar dolores crónicos y afectar el rendimiento diario.

Alineación cervical y recuperación muscular

Una almohada bien elegida permite que el cuello se mantenga en una posición neutra, alineado con la columna.

Esto favorece la relajación de los músculos y la correcta recuperación de los tejidos durante la noche.

El fisioterapeuta Matthew O’Rourke explica que cuando la cabeza y el cuello están bien sostenidos, el cuerpo puede atravesar las distintas fases del sueño de manera más estable, lo que se traduce en menos dolor y mayor sensación de descanso al despertar.

Relación entre la almohada y los trastornos del sueño

El diseño de la almohada también influye en la respiración nocturna.

Mantener la cabeza y el cuello alineados ayuda a que las vías respiratorias permanezcan más abiertas, lo que puede reducir ronquidos y mejorar la calidad del sueño en personas con apnea leve a moderada.

Dormir con una almohada sin soporte adecuado puede favorecer que la lengua se desplace hacia atrás y obstruya parcialmente el paso del aire, empeorando los ronquidos y generando despertares frecuentes.

Por eso, en casos de problemas respiratorios durante el sueño, la elección de la almohada es un complemento importante, aunque siempre debe acompañarse con consulta médica.

Cómo impacta durante el día

Los efectos de una mala almohada no se limitan a la noche.

Una alineación deficiente del cuello puede intensificar malas posturas durante el día, aumentar la inflamación muscular y favorecer la aparición de dolores de cabeza tensionales.

Según Raj Dasgupta, cuando el descanso profundo se ve interrumpido, se resienten funciones clave como la memoria, la concentración, el estado de ánimo y la energía general.

Dormir mal no solo genera cansancio, sino que impacta en la productividad y el bienestar cotidiano.

Cómo elegir la almohada correcta

No existe una almohada universal. La elección debe adaptarse a cada persona y a su forma de dormir.

Los especialistas coinciden en algunos criterios básicos:

  • La postura al dormir es el factor principal: boca arriba, de costado o boca abajo.

  • El ancho de los hombros influye en la altura necesaria de la almohada.

  • El tipo de colchón también importa: los colchones más blandos suelen requerir almohadas más bajas, y los firmes, almohadas algo más altas.

  • Las almohadas ajustables permiten modificar la altura según la necesidad personal.

Una forma simple de comprobar la alineación es observar si, al estar acostado de costado, la cabeza queda alineada con la columna sin inclinarse.

Materiales y mantenimiento

El relleno de la almohada también cumple un rol importante.

Las espumas ofrecen soporte más constante, mientras que el látex suele adaptarse mejor sin hundirse en exceso.

Más allá del material, el mantenimiento es clave para la salud.

Las almohadas acumulan ácaros, humedad y restos de piel con el tiempo.

Se recomienda lavar las fundas semanalmente, limpiar la almohada cada algunos meses y reemplazarla cada uno o dos años.

Una señal clara de desgaste es cuando la almohada no recupera su forma original al doblarla.

Cuidar la almohada no es un detalle menor: es una inversión directa en descanso, salud y calidad de vida.

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