Estos scones salen bien altos, dorados y con sabor a queso en cada bocado, perfectos para abrir y rellenar cuando todavía están tibios.
Primero se cocinan solos y recién después se arman con jamón y queso en fetas, así quedan aireados y no se humedecen.

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Son una solución rápida para una merienda salada o para tener listos y armar en el momento.
Ingredientes
Para los scones (8 a 10 unidades medianas)
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350 g de harina 0000
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1 cucharada de polvo de hornear
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1 cucharadita de sal (ajustá según el queso)
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1 cucharadita de azúcar
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80 g de manteca bien fría
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180 a 220 ml de leche (aprox.)
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1 huevo (para la masa o para pintar, según prefieras)
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150 g de queso rallado o queso semiduro rallado grueso (pategrás, tybo, sardo suave o reggianito)
Para armar
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Jamón cocido en fetas
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Queso en fetas (tybo, danbo o el que uses para sandwich)
Preparación
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Prendé el horno a 220 °C y prepará una placa con papel manteca o apenas enmantecada.
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En un bowl grande mezclá la harina, el polvo de hornear, la sal y el azúcar.
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Sumá la manteca fría en cubitos y arená con las manos (o con un cornet) hasta que quede como migas, con algunos pedacitos de manteca visibles.
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Agregá el queso rallado y mezclá para repartirlo bien.
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Incorporá la leche de a poco y uní sin amasar de más. Si vas a usar el huevo dentro de la masa, batilo con parte de la leche y sumalo en este paso. La masa tiene que quedar suave y apenas húmeda.
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Pasá la masa a la mesada apenas enharinada y aplastala con la mano hasta dejarla de 2 a 3 cm de espesor.
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Cortá discos o triángulos. Si querés que queden bien altos, evitá estirar finito.
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Acomodalos en la placa. Si no pusiste el huevo en la masa, batilo y pintá apenas la superficie para que doren parejo.
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Horneá 12 a 16 minutos, hasta que estén inflados y dorados.
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Retiralos y dejalos entibiar 5 a 10 minutos.
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Abrí cada scone al medio con cuchillo y rellená con jamón cocido y queso en fetas.
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Si querés que el queso se ablande un poco, armá los scones cuando todavía estén tibios o dales un toque corto de calor antes de servir.
Tips y consejos:
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Manteca bien fría y poco trabajo de masa: eso los deja tiernos y livianos.
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Si tu queso es salado, bajá un poco la sal para que queden equilibrados.
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Para un dorado prolijo, pintá solo arriba y evitá que el huevo se derrame por los costados.
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Guardalos sin rellenar en un recipiente cerrado y armá al momento para que mantengan la textura.
Quedan listos para abrir, rellenar y comer, con una miga suave y un sabor a queso bien marcado.