Este plato combina pechugas de pollo doradas con una salsa cremosa muy aromática hecha con crema, vino blanco y cebolla de verdeo.
El pollo queda jugoso y la salsa aporta una textura suave que lo envuelve todo. Es una receta sencilla pero con un resultado elegante y muy sabroso.

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Ingredientes
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2 pechugas de pollo grandes
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1 cucharada de aceite de oliva
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1 cucharada de manteca
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Sal a gusto
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Pimienta negra a gusto
Para la salsa
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1 taza de crema de leche
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1/2 taza de vino blanco seco
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3 cebollas de verdeo
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1 diente de ajo
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1/2 taza de caldo de pollo
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30 g de queso rallado (opcional, para dar más cuerpo)
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Sal y pimienta a gusto
Preparación
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Cortá las pechugas de pollo en filetes gruesos o dejalas enteras si no son muy grandes. Salpimentá de ambos lados.
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Calentá una sartén grande con el aceite de oliva y la manteca a fuego medio.
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Colocá las pechugas y cocinalas durante unos minutos por cada lado hasta que queden doradas y bien cocidas.
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Retirá el pollo de la sartén y reservá en un plato.
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En la misma sartén agregá el ajo picado y la parte blanca de la cebolla de verdeo cortada en rodajas. Cociná unos minutos hasta que se ablanden.
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Incorporá el vino blanco y dejá que hierva suavemente durante unos minutos para que se evapore el alcohol.
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Agregá el caldo de pollo y la crema de leche. Mezclá bien y cociná a fuego medio hasta que la salsa comience a espesar.
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Si querés una salsa más intensa, agregá el queso rallado y mezclá hasta que se derrita.
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Volvé a colocar las pechugas en la sartén para que se integren con la salsa.
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Cociná un par de minutos más para que el pollo absorba los sabores.
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Antes de servir, agregá la parte verde de la cebolla de verdeo picada por encima.
Tips y consejos:
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El vino blanco aporta aroma y profundidad a la salsa, pero es importante dejarlo reducir un poco antes de agregar la crema.
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Si la salsa queda muy espesa podés agregar un chorrito extra de caldo.
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Cortar el pollo en filetes ayuda a que se cocine más rápido y parejo.
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Este plato combina muy bien con papas, arroz o puré.
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Para un sabor más intenso podés agregar una pizca de nuez moscada a la salsa.
El resultado es un pollo dorado cubierto con una salsa cremosa muy aromática.
Perfecto para una comida especial o para preparar algo distinto sin demasiada complicación.