Hay recetas que parecen acompañamiento, pero terminan siendo las verdaderas protagonistas.
El pan de ajo es una de ellas: dorado, fragante y con ese sabor intenso que abre el apetito al instante.

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Bien hecho, queda crocante por fuera, tierno por dentro y con un equilibrio justo entre manteca, ajo y hierbas.
Ingredientes
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1 pan tipo baguette o flauta
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100 g de manteca a temperatura ambiente
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3 a 4 dientes de ajo
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2 cucharadas de perejil fresco picado
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2 cucharadas de queso rallado fino
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Sal a gusto
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Pimienta a gusto
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Aceite de oliva (opcional)
Preparación
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Colocá la manteca blanda en un bowl. Es importante que esté bien cremosa para poder trabajarla sin esfuerzo y lograr una mezcla pareja.
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Pelá los dientes de ajo y picalos bien chiquitos o rallalos finos. Este detalle es clave para que el sabor se distribuya de manera uniforme y no queden trozos demasiado fuertes al morder.
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Agregá el ajo a la manteca junto con el perejil picado, el queso rallado, una pizca de sal y pimienta. Mezclá bien hasta obtener una pasta homogénea y aromática.
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Probá la mezcla y ajustá el punto de sal o ajo si hace falta. Si querés un sabor más profundo, podés sumar unas gotas de aceite de oliva para redondear el conjunto.
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Cortá el pan en rodajas de aproximadamente dos centímetros de espesor, sin llegar a separarlas del todo si preferís un efecto acordeón, o completamente si te gustan las rodajas individuales.
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Untá generosamente cada rodaja con la mezcla de manteca y ajo, asegurándote de que llegue bien hasta los bordes. Acá no conviene quedarse corto: la clave del pan de ajo está en la cantidad justa de relleno.
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Colocá el pan en una placa para horno y llevá a horno precalentado a temperatura media-alta.
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Cociná hasta que la superficie esté bien dorada y el aroma a ajo tostado invada la cocina. La base debe quedar crocante, pero sin secarse.
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Retirá del horno y dejá reposar uno o dos minutos antes de servir para que la manteca se asiente y no se pierda al cortar.
Tips y consejos:
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Usar manteca a temperatura ambiente es fundamental para lograr una pasta pareja.
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El ajo picado fino evita sabores desparejos y mordidas demasiado intensas.
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El perejil fresco aporta color y equilibrio al conjunto.
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Si el pan es muy grande, conviene cubrirlo con papel aluminio los primeros minutos y destaparlo al final para dorar.
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Podés preparar la mezcla con anticipación y conservarla en la heladera.
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Servilo apenas sale del horno para disfrutarlo en su mejor punto.
Este pan de ajo casero es de esos que desaparecen rápido de la mesa.
Intenso, fragante y bien dorado, acompaña cualquier comida, pero también se luce solo.
Una receta simple, directa y con un resultado que siempre cumple.