La lengua a la vinagreta es de esos platos que mejoran con el tiempo: se cocina la lengua hasta que quede tierna, se corta en rodajas y se deja marinar en una vinagreta bien cargada de perejil, ajo y cebolla.
Queda jugosa, con brillo de aceite y un sabor bien marcado, ideal para servir fría con limón al lado.

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Ingredientes
Para cocinar la lengua
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1 lengua vacuna
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1 cebolla
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1 zanahoria
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2 hojas de laurel
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Granos de pimienta
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Sal
Para la vinagreta
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1 cebolla chica picada bien chiquita
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2 dientes de ajo picados bien chiquitos
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1 taza de perejil picado
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1/2 taza de aceite (girasol u oliva suave)
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1/4 taza de vinagre de alcohol o manzana
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1 cucharadita de mostaza (opcional, ayuda a emulsionar)
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Sal y pimienta
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Ají molido o un toque de chile seco (opcional)
Para servir
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Gajos de limón
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Unas hojas de perejil
Preparación
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Lavá la lengua y ponela en una olla grande. Cubrila con agua fría.
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Sumá cebolla, zanahoria, laurel, unos granos de pimienta y sal. Llevá a hervor suave y cociná hasta que quede bien tierna.
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Retirá la lengua y, mientras está caliente, sacale la piel gruesa. Si esperás a que se enfríe del todo, cuesta más.
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Dejala enfriar y llevála a la heladera un rato para que se firme, así el corte sale parejo.
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Cortá la lengua en rodajas medianas, tipo “medallones”.
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Para la vinagreta, mezclá cebolla y ajo picados con el perejil. Sumá el vinagre, el aceite, sal, pimienta y, si usás, la mostaza y un toque de ají molido. Mezclá bien para que quede todo bien repartido.
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Acomodá las rodajas en una fuente o bowl y volcá la vinagreta por arriba, asegurándote de que quede líquido en el fondo y también condimento arriba.
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Tapá y llevá a la heladera varias horas. Lo ideal es dejarla de un día para el otro para que tome bien el sabor.
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Antes de servir, mezclá suave para que la vinagreta vuelva a cubrir las rodajas y acomodá con limón y perejil fresco.
Tips y consejos:
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Para que la lengua quede bien tierna, cocinala a hervor suave y con paciencia: cuando entra un cuchillo sin resistencia, está.
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La piel sale mucho mejor en caliente; si se enfría, podés darle un toque de agua caliente para ayudar.
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Picá la cebolla y el ajo bien chiquitos para que la vinagreta quede pareja y se adhiera a cada rodaja.
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El reposo en heladera es parte del plato: cuanto más descansa, más rica queda.
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Si querés una vinagreta más “suave”, subí un poco el aceite; si la querés más marcada, subí el vinagre.
Bien fría, con el jugo de limón al final, queda fresca, sabrosa y con esa vinagreta bien cargada que levanta todo.
Ideal para una entrada, una picada o para tener lista en la heladera.