Estos grisines caseros son ideales para acompañar quesos, untables o simplemente picar algo rico sin complicaciones.
Quedan bien crocantes, con un sabor marcado a queso y orégano que los hace irresistibles.

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Son fáciles de preparar y se conservan muy bien durante varios días.
Ingredientes
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200 g de harina de trigo
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100 g de queso parmesano rallado fino
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50 ml de aceite de oliva
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1 huevo
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1 cucharadita de orégano seco
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1/2 cucharadita de sal
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1/2 cucharadita de pimienta negra
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Agua fría, cantidad necesaria
Preparación
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Colocar la harina en un bowl amplio y agregar el queso parmesano rallado, el orégano seco, la sal y la pimienta negra. Mezclar bien para que los ingredientes secos queden bien distribuidos.
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Incorporar el aceite de oliva y el huevo. Comenzar a mezclar con cuchara o con la mano hasta que se empiece a formar la masa.
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Agregar agua fría de a poco, solo la necesaria, hasta lograr una masa firme, lisa y apenas húmeda. No debe quedar pegajosa.
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Volcar la masa sobre la mesada y amasar unos minutos hasta que esté bien integrada y pareja.
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Tapar la masa y dejarla descansar unos 10 minutos para que se relaje y sea más fácil de estirar.
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Precalentar el horno a 180 °C.
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Tomar pequeñas porciones de masa y formar tiras finas y alargadas, del grosor deseado. Se pueden hacer bien finitas para que queden más crocantes o un poco más gruesas si se prefieren más rústicas.
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Colocar los grisines sobre una placa para horno, apenas aceitada o con papel manteca, dejando un pequeño espacio entre cada uno.
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Llevar al horno y cocinar durante 15 a 20 minutos, hasta que estén dorados y bien secos. A mitad de cocción se pueden girar para lograr un dorado parejo.
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Retirar del horno y dejar enfriar completamente antes de servir o guardar.
Tips y consejos:
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El queso parmesano aporta sabor y ayuda a que los grisines queden bien crocantes.
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Si la masa se resiste al estirado, dejarla descansar unos minutos más.
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Se pueden sumar semillas como sésamo o amapola para variar el sabor.
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Una vez fríos, guardarlos en un frasco o recipiente hermético para que mantengan la textura.
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Acompañan muy bien dips, quesos cremosos, hummus o patés caseros.
Estos grisines de orégano y queso son un clásico infalible para cualquier picada.
Fáciles, rendidores y llenos de sabor, se preparan con pocos ingredientes y elevan cualquier mesa sin esfuerzo.