Una opción casera, abundante y muy sabrosa, ideal para compartir en cualquier comida.
Este pastel combina una base firme con un relleno cremoso y una capa superior gratinada que le da ese toque irresistible.

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El secreto está en lograr una textura equilibrada, bien húmeda pero sin exceso de líquido.
Ingredientes
- 1 tapa de masa para tarta (o masa casera)
- 1 kg de espinaca fresca (o 500 g congelada bien escurrida)
- 400 g de ricota
- 2 huevos
- 150 g de queso rallado (tipo mozzarella o cremoso)
- 50 g de queso rallado duro (tipo parmesano)
- 1 cebolla
- 2 cucharadas de aceite
- Sal y pimienta a gusto
- Nuez moscada (opcional)
Preparación
- Lavá bien la espinaca y cocinala unos minutos en una olla sin agregar agua, solo con el vapor que genera. Luego escurrila muy bien y picala finamente. Este paso es clave para evitar que el relleno largue líquido.
- Picá la cebolla y salteala en una sartén con el aceite hasta que esté transparente. Dejá entibiar.
- En un bowl, mezclá la espinaca con la ricota hasta integrar bien.
- Agregá la cebolla salteada, los huevos, la mitad del queso rallado y condimentá con sal, pimienta y nuez moscada.
- Mezclá todo hasta obtener una preparación homogénea y firme. Si notás que está muy húmeda, podés sumar una cucharada de queso rallado extra para darle más cuerpo.
- Forrá un molde con la masa, cubriendo bien la base y los bordes.
- Volcá el relleno y emparejá la superficie.
- Cubrí con el resto del queso rallado, distribuyéndolo de manera uniforme para lograr una buena capa dorada.
- Llevá a horno precalentado a 180 °C durante 35 a 45 minutos, hasta que la superficie esté bien gratinada y la base cocida.
- Retirá del horno y dejá reposar unos minutos antes de cortar, así se asienta mejor y mantiene la forma.
Tips y consejos:
- Escurrir bien la espinaca es fundamental para evitar que el relleno quede aguado.
- Si usás espinaca congelada, descongelala completamente y presionala para quitar todo el líquido.
- La ricota debe ser firme; si es muy húmeda, podés escurrirla previamente.
- No te saltees el reposo antes de cortar, mejora mucho la textura final.
- El queso de arriba tiene que ser suficiente para formar una capa dorada y sabrosa.
- Si querés más consistencia, podés agregar una cucharada de maicena al relleno.
Un plato simple pero muy rendidor, con una combinación de sabores que siempre funciona y una textura que hace la diferencia.