Un plato intenso, bien sabroso y con ese brillo irresistible que anuncia algo rico desde lejos.
Estas costillitas de cerdo se cocinan despacio, se doran bien y se terminan con una salsa espesa y caramelizada que las vuelve protagonistas absolutas.

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Son ideales para una comida especial, pero con un paso a paso simple y sin vueltas.
Ingredientes
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1,5 kg de costillitas de cerdo cortadas
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2 cucharadas de aceite
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Sal y pimienta a gusto
Para la salsa:
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4 cucharadas de salsa de soja
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3 cucharadas de miel
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2 cucharadas de azúcar mascabo o común
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2 cucharadas de vinagre
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2 dientes de ajo
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1 cucharada de jengibre rallado (opcional)
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1 cucharadita de pimentón
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1 cucharadita de maicena
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½ taza de agua
Para terminar:
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Semillas de sésamo
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Cebolla de verdeo picada
Preparación
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Salpimentá las costillitas por ambos lados y dejalas reposar unos minutos para que tomen sabor.
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En una olla amplia o sartén profunda calentá el aceite a fuego medio-alto y dorá las costillitas de ambos lados hasta que estén bien selladas. Retiralas y reservá.
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En la misma olla, bajá el fuego y agregá el ajo picado bien chico. Cociná apenas unos segundos, cuidando que no se queme.
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Sumá la salsa de soja, la miel, el azúcar, el vinagre, el pimentón y el jengibre si decidís usarlo. Mezclá bien y dejá hervir suave unos minutos para que se integren los sabores.
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Disolvé la maicena en el agua fría y agregala a la salsa, mezclando constantemente hasta que empiece a espesar.
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Volvé a incorporar las costillitas a la olla, bajá el fuego al mínimo y tapá. Cociná lentamente durante unos 45 minutos, girándolas de vez en cuando, hasta que estén bien tiernas.
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Destapá y dejá cocinar unos minutos más para que la salsa reduzca y se vuelva espesa y brillante, cubriendo bien la carne.
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Probá y ajustá sal o dulzor si hace falta. La salsa debe quedar intensa, apenas dulce y bien concentrada.
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Retirá del fuego y dejá reposar unos minutos antes de servir para que el glaseado se asiente.
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Serví las costillitas bien calientes, bañadas con la salsa, y terminá con semillas de sésamo y cebolla de verdeo picada por encima.
Tips y consejos:
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La cocción lenta es clave para que la carne quede tierna y se despegue fácil del hueso.
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No subas el fuego al final: la salsa se carameliza rápido y puede quemarse.
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Si querés más brillo, podés pincelarlas con la salsa y llevarlas unos minutos al horno fuerte.
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El equilibrio entre dulce y salado se puede ajustar agregando más miel o un chorrito extra de vinagre.
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Acompañan muy bien con arroz blanco, puré o papas doradas.
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Al recalentarlas quedan aún más sabrosas, con la salsa bien concentrada.
Estas costillitas glaseadas son de esas recetas que se comen con ganas y sin protocolo.
Jugosas, intensas y llenas de sabor, quedan perfectas para una mesa abundante y disfrutable, donde la salsa y la carne hacen todo el trabajo.