Esta tarta es ideal para una cena liviana, porque combina pocos ingredientes pero con mucho sabor y un resultado muy vistoso.
La base queda dorada y firme, la muzzarella se funde pareja y el tomate se asa apenas para concentrar sabor sin largar tanta agua.

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Se termina con albahaca fresca y un toque de condimentos para que quede bien aromática.
Ingredientes
Para una tarta de 22 a 24 cm
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1 tapa de masa para tarta (hojaldrada o criolla)
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3 a 4 tomates grandes, firmes (o 5 medianos)
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350 a 450 g de muzzarella
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1 puñado generoso de hojas de albahaca fresca
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2 a 3 cucharadas de aceite de oliva (o aceite común)
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Orégano seco
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Pimienta negra
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Sal
Topping
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1 a 2 cucharaditas de sésamo (opcional)
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1 cucharadita de semillas oscuras (amapola o chía, opcional)
Preparación
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Calentá el horno a 200 °C. Forrá una tartera con la masa, acomodá bien los bordes y pinchá la base con un tenedor.
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Para que la base no se humedezca, llevála al horno 8 a 10 minutos sola, hasta que apenas empiece a tomar color.
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Mientras tanto, cortá los tomates en rodajas de 1 cm más o menos. Salalos apenas y dejalos 10 minutos en un colador para que larguen parte del líquido. Secalos con papel de cocina.
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Cortá la muzzarella en rodajas o en trozos grandes y distribuila sobre la base precocida, cubriendo bien el fondo.
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Acomodá las rodajas de tomate arriba, repartidas por toda la superficie.
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Condimentá con orégano, pimienta y un toque de sal (poco, porque la muzzarella ya aporta).
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Rociá con el aceite de oliva para que el tomate brille y se ase parejo.
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Sumá por arriba el sésamo y las semillas oscuras, en cantidad moderada.
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Horneá 18 a 25 minutos, hasta que el borde esté bien dorado y la muzzarella fundida. Si querés un toque más marcado en el tomate, dejá 2 a 3 minutos extra con el horno un poco más fuerte al final.
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Sacá la tarta y dejala reposar 5 minutos para que se asiente. Recién ahí agregá las hojas de albahaca fresca arriba, para que mantengan el color y el aroma.
Tips y consejos:
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Elegí tomates firmes: si están muy maduros, largan mucha agua y la tarta queda más blanda.
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La precocción de la base hace una gran diferencia para que quede crocante abajo.
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Si la muzzarella es muy húmeda, escurrila un poco o usala bien fría y cortada en rodajas: se derrite mejor y no suelta tanto líquido.
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La albahaca siempre al final: el calor fuerte la oscurece y pierde perfume.
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Si querés una versión todavía más liviana, usá menos muzzarella y agregá unas rodajas extra de tomate, manteniendo el mismo horneado.
Queda una tarta simple, fresca y muy rica, con colores bien marcados y un aroma espectacular apenas la servís.