Este aperitivo es de esos que armás en un frasco y parece de picada “importante” sin esfuerzo.
Queda bien sabroso, con el queso firme que se impregna de aceite y hierbas, y el salame que aporta ese toque bien intenso.

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Ideal para tener listo en la heladera y sacar cuando cae gente o cuando querés algo rico sin cocinar.
Ingredientes
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350 a 450 g de queso semiduro firme (tipo pategrás, provolone, tybo o fontina), en cubos de 2 a 3 cm
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150 a 200 g de salame en rodajas finas
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200 g de tomates cherry (rojos y/o amarillos), cortados a la mitad
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150 g de aceitunas verdes (pueden ser descarozadas o enteras)
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1 diente de ajo chico, apenas machacado o en láminas finitas
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1 puñado de perejil fresco picado (o mezcla con un poco de albahaca)
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1 cucharadita de orégano seco
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Pimienta negra a gusto
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250 a 300 ml de aceite de oliva (o mitad oliva y mitad girasol, si querés suavizar)
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1 a 2 cucharadas de vinagre de vino blanco o jugo de limón (opcional, pero levanta mucho)
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Sal fina, solo si el queso lo pide (probalo antes)
Preparación
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Esterilizá el frasco: lavalo bien con agua caliente y detergente. Enjuagá y dejalo unos minutos en agua hirviendo o bien secá con horno tibio unos minutos. Dejá enfriar.
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Cortá y prepará todo: hacé los cubos de queso parejos, cortá los tomates cherry a la mitad y tené las rodajas de salame listas. Si las aceitunas son muy grandes, podés partirlas al medio.
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Armá el adobo: en un bowl mezclá el aceite con el perejil, el orégano, pimienta negra y el ajo. Si te gusta más “alegre”, sumá el vinagre o el limón. Probá: debe sentirse aromático, no ácido.
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Empezá a armar capas: colocá una base de queso, después algunas rodajas de salame dobladas, un puñado de aceitunas y unos cherry. Espolvoreá un poquito más de perejil si te sobra.
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Repetí hasta llenar: seguí alternando queso, salame, aceitunas y tomates. La idea es que quede bien compacto pero sin aplastar, para que el aceite se meta entre los huecos.
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Cubrí con el aceite: volcá el adobo y asegurate de que todo quede sumergido. Si falta, agregá un chorrito más de aceite (lo importante es cubrir por completo para que marine parejo).
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Reposo en frío: tapá y llevá a la heladera mínimo 6 horas. Si lo dejás de un día para el otro, queda mucho mejor.
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Serví como picada: sacalo 10 minutos antes para que el aceite afloje y se sientan más los aromas. Serví en un platito con palillos, o directamente el frasco al centro con una cuchara.
Tips y consejos:
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Usá queso bien firme: si es muy blando, se desarma y enturbia el aceite. Los semiduros van perfecto.
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Si querés más aroma, sumá romero o tomillo (poquito), o una pizca de ají molido suave.
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Para que el ajo no se coma todo, dejalo machacado y grande: perfuma sin dominar.
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Si el salame es muy potente, equilibrá con más cherry o un toque de limón en el aceite.
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Guardalo siempre bien cubierto por aceite y con utensilios limpios al servir, así dura más y se mantiene rico.
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Queda espectacular con pan casero, grisines, focaccia o tostaditas. El aceite que sobra es oro para mojar.
A las pocas horas ya se puede comer, pero al día siguiente se nota la diferencia: el queso toma sabor y todo queda bien integrado.
Guardalo en la heladera y andá sirviendo de a poco, porque es de esos aperitivos que desaparecen rápido cuando alguien lo prueba.