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Ángela Fernández, psicóloga: tres rasgos que suelen repetirse en personas con ansiedad

La ansiedad no siempre se nota de afuera: muchas veces convive con hábitos que parecen “positivos” y hasta admirables.

El problema aparece cuando esos rasgos se vuelven extremos y terminan desgastando por dentro.

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Estos son tres patrones de personalidad que, según la psicología, suelen repetirse con frecuencia en personas con ansiedad.

1) Alta responsabilidad y autoexigencia

Uno de los rasgos más comunes es la tendencia a cargar con todo y querer hacerlo perfecto.

Son personas muy cumplidoras, organizadas y comprometidas, pero con una vara interna altísima.

Les cuesta aflojar, delegar o aceptar errores, y pueden sentir culpa si bajan el ritmo.

Esa exigencia constante suele mantener la mente en estado de alerta, como si siempre hubiese algo pendiente o algo que mejorar.

2) Amabilidad llevada al extremo

Otro patrón frecuente es priorizar a los demás por encima de uno mismo. Son perfiles empáticos, atentos y dispuestos, pero con dificultad para poner límites.

A veces dicen que sí por compromiso, por miedo a decepcionar o para evitar conflictos.

Con el tiempo, esa forma de relacionarse puede generar tensión acumulada, porque la persona se adapta todo el tiempo a lo externo y deja en segundo plano lo que necesita.

3) Mayor sensibilidad emocional (alta reactividad)

El tercer rasgo tiene que ver con una respuesta emocional más intensa ante situaciones cotidianas.

Cambios de planes, comentarios, incertidumbre o pequeños contratiempos pueden disparar preocupación, nervios o rumiación mental.

Es como si el sistema nervioso estuviera más predispuesto a activarse y a anticipar escenarios, incluso cuando no hay un peligro real inmediato.

Esta sensibilidad puede hacer que el día a día se viva con más carga mental y con más dificultad para “desconectar”.

En conjunto, estos tres rasgos pueden hacer que la ansiedad se mantenga aun cuando desde afuera todo parece estar bien: responsabilidad alta, buena predisposición y sensibilidad emocional suelen verse como virtudes, pero cuando se vuelven rígidas o intensas, pasan a ser una fuente constante de tensión.

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