Un plato simple, lleno de sabor y con una combinación que nunca falla.
Los alcauciles, también conocidos como alcachofas, quedan bien tiernos y absorben todo el gusto del jamón y el jugo de cocción.

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Ideal para servir como entrada o acompañamiento con una textura suave y muy sabrosa.
Ingredientes
- 6 corazones de alcauciles (alcachofas)
- 150 gramos de jamón en cubitos
- 2 dientes de ajo
- 1/2 cebolla
- 80 ml de aceite de oliva
- 100 ml de caldo (puede ser de verduras o pollo)
- 1 puñado de perejil fresco
- Sal y pimienta a gusto
Preparación
- Si usás alcauciles frescos, limpialos bien retirando las hojas duras hasta llegar al corazón tierno. Cortalos en cuartos y colocalos en agua con jugo de limón para evitar que se oscurezcan mientras preparás el resto.
- Picá la cebolla en cubos bien chicos y el ajo lo más fino posible para que se integre mejor en la cocción.
- En una sartén amplia, calentá el aceite de oliva a fuego medio y agregá la cebolla. Cociná lentamente hasta que esté transparente y apenas dorada, sin apurar este paso porque es clave para el sabor.
- Sumá el ajo picado y cociná unos segundos más, solo hasta que empiece a perfumar, evitando que se queme.
- Incorporá el jamón en cubitos y saltealo durante 2 a 3 minutos para que suelte su grasa y potencie el sabor del plato.
- Agregá los alcauciles (alcachofas) bien escurridos y mezclá con cuidado para que se impregnen del fondo de cocción sin romperse.
- Verté el caldo caliente y dejá cocinar a fuego medio durante 15 a 20 minutos, moviendo de vez en cuando, hasta que los alcauciles estén bien tiernos pero mantengan su forma.
- Ajustá sal y pimienta con cuidado, recordando que el jamón ya aporta bastante salinidad.
- Continuá la cocción unos minutos más hasta que el líquido reduzca y quede un jugo espeso y sabroso en el fondo, que es clave para el resultado final.
- Retirá del fuego y agregá perejil fresco picado por encima justo antes de servir.
Consejos:
- Para lograr una textura perfecta, es fundamental no sobrecocinar los alcauciles (alcachofas). El punto ideal es cuando están tiernos al pincharlos, pero todavía mantienen su forma y no se deshacen al mezclarlos.
- Si utilizás alcauciles frescos, tomate el tiempo de limpiarlos correctamente. Retirar bien las hojas duras y las partes fibrosas hace una gran diferencia en el resultado final, evitando que queden partes duras o desagradables al comer.
- En caso de usar alcauciles en conserva, escurrilos muy bien antes de incorporarlos a la sartén. Esto evita que larguen exceso de líquido y ayuda a que absorban mejor los sabores del jamón y el sofrito.
- El tipo de jamón influye mucho en el sabor final. Un jamón con buen contenido graso aporta más intensidad y ayuda a generar ese jugo sabroso que se ve en el plato. Si es muy magro, podés compensar con un poco más de aceite de oliva.
- No saltees el paso de cocinar bien la cebolla al inicio. Ese fondo dulce y suave es lo que equilibra el sabor salado del jamón y realza todo el plato.
- El caldo debe agregarse caliente para no cortar la cocción. Además, podés usar caldo casero si querés un resultado aún más profundo en sabor.
- Si querés una textura más ligada en el jugo final, podés dejar reducir unos minutos extra sin tapar la sartén, así se concentra mejor.
- El perejil siempre conviene agregarlo al final para mantener su color y frescura. Si lo cocinás demasiado, pierde aroma y queda apagado.
- Para una presentación más prolija, evitá revolver en exceso durante la cocción. Mové la sartén suavemente o mezclá con cuidado para no romper los alcauciles.
- Este plato gana mucho si se deja reposar unos minutos antes de servir, ya que los sabores terminan de integrarse y el jugo se asienta mejor.
Un plato clásico, fácil de hacer y con un resultado lleno de sabor que siempre queda bien.